lunes, 27 de septiembre de 2010

Una pista...

Indudablemente es mía. La máscara que le da animación a los huesos muertos que se esconden detrás de ella, nació adherida a mi cuerpo y nunca la critico…porque es mía. De los 26 lunares que tiene, hay uno en específico del cual nadie se percata, porque se esconde debajo de la nariz y yo no subo tanto la cabeza. Me tocaron dos ojos negros que parecen estar cansados pero contienen la fuerza suficiente para permanecer abiertos, interrumpir tu mirada y recoger las sobras visuales que las personas dejan por ahí tiradas. A los labios le quite su espacio y les añadí un ornamento invasor que se ha acostumbrado más a ellos que yo. A esta simple máscara le dibuje una sonrisa larga, para así ensanchar su nariz, achicar sus ojos, brotar sus cachetes, mover sus lunares de sitio, enseñar mis dientes y permitirle a esta cara que vino adherida a mis pensamientos que camine entre sus posibilidades.


Mariela Pabón Navedo (Narrativa)

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