Las olas eran el principio
a rendijas del final,
que bajaba con cada día.
La lavasa crecía
y sus ojos se expandían con el movimiento.
El nacimiento
que mintió naciendo;
me miró desde arriba,
soplaron lo que sabían.
Lo enviaron con toda la fuerza
y se zambulló para siempre.
Pablo del Hierro, Iván Acosta dos Santos (Cadavre exquis)
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