viernes, 29 de octubre de 2010

Tomábamos un murmuro aquella noche. Sentíamos a trazos unas ganas de gritar. Se escapaba el vuelo, me acuerdo, hasta que llegamos a la alfombra de la casa.

Colmados de casualidad, tomamos los últimos sorbos, y entregamos al sueño su trabajo.

Camine con taza en boca, y se sentó una carcajada.
¿La noche me miraría con qué?

Apreté el paso y tropecé.

.

Mis pies acompañaron la carcajada. Les gustó que habian caido sin mentirse.

Mi taza me dio una pequeña porción de paz, y deseé que los sueños terminaran de dormir.

Para el tiempo nunca era tarde. Para el tiempo, los sueños nunca quieren dormir.

Nuevamente, me eché a reir.


Joel Medina Santiago (Verso libre)

 

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