Tomábamos un murmuro aquella noche. Sentíamos a trazos unas ganas de gritar. Se escapaba el vuelo, me acuerdo, hasta que llegamos a la alfombra de la casa.Colmados de casualidad, tomamos los últimos sorbos, y entregamos al sueño su trabajo.
Camine con taza en boca, y se sentó una carcajada.
¿La noche me miraría con qué?
Apreté el paso y tropecé.
.
Mis pies acompañaron la carcajada. Les gustó que habian caido sin mentirse.
Mi taza me dio una pequeña porción de paz, y deseé que los sueños terminaran de dormir.
Para el tiempo nunca era tarde. Para el tiempo, los sueños nunca quieren dormir.
Nuevamente, me eché a reir.
Joel Medina Santiago (Verso libre)
No hay comentarios:
Publicar un comentario